PRODUCCIONES DEL TALLER DE CRÍTICA DE CINE

Compartimos las producciones del módulo: Melodrama del taller de análisis y crítica a cargo del periodista Rolando Gallego. ¡Felicitaciones a todxs los alumnxs!

No olviden que en noviembre comienza el módulo Comedia, aún están a tiempo de inscribirse.

“Historia de una Noche”: una excepción a la regla
Por Florencia Rolón





Historia de una noche es una película estrenada en 1941 por el director argentino Luis Saslavsky, que desafío las tendencias de la época que reclamaban un cine nacional basado en la tradición.

Adaptando al cine la obra teatral de Leo Perutz "Mañana es feriado". el director, fiel a su formación y después de haber viajado por todo el mundo decidió no hacer caso al periodo clásico del cine industrial argentino eligiendo ir más allá y optando por géneros de probada popularidad en otros países como lo era el melodrama en los Estados Unidos.

Así la película de dicho director reúne las características clásicas del género, en donde aparece bien marcada la división estereotipada que se realiza de los personajes buenos y los personajes malos. Laura (Sabina Olmos) una chica ingenua y enamorada que se encuentra con Víctor (Pedro López Lagar) un hombre con el que tuvo una intensa relación amorosa, pero tiempo después le rompe el corazón cuando decide no escribirle más. Después de varios años Laura decide recomponer su vida y se casa con un hombre de negocios llamado Daniel Romero , que se encuentra al momento de la película en una situación financiera desesperada.

Con actuaciones y personajes muy logrados, Historia de una noche mantiene a todos entretenidos hasta el final donde se resuelve el conflicto de dinero que tiene Daniel en la empresa donde trabaja. El melodrama cumple su meta de conmover a los espectadores y lograr que se identifiquen con el personaje si estuviera en una situación similar, pero además demuestra al día de hoy que era posible otra forma de hacer cine que no se ajustara a los cánones de la época.


Los muchachos de antes también sufrían por amor
Crítica Historia de una noche por Vanina Suárez

En Historia de una noche (1941) el eje narrativo está parado en un triángulo amoroso que va y viene en el tiempo y en donde la mujer, si bien es víctima de un abandono, no es la pieza principal que sufre por un gran amor.

En una época donde el rol femenino siempre fue sumiso y los hombres eran fuertes y poderosos, la propuesta de Saslavsky cumple con algunos parámetros del momento pero genera una disrupción, y la figura masculina se muestra temerosa, vulnerable, débil y dispuesta a dar todo por amor. En general en el cine, y también en la sociedad de ese entonces, el hombre se muestra viril, con enormes rasgos de fortalezas, seguridad y la mujer es quien cumple el papel dubitativo y frágil. En esta propuesta esos roles son aceptados socialmente pero por debajo, como en una capa casi invisible, se puede observar esa debilidad que ambos protagonistas masculinos vivencian por el amor de Laura. Si bien Hugo y Daniel son como una dialéctica entre el bien y el mal plantean un juego similar al del ying y el yang; es decir, que el espectador observa algo bueno y algo malo. Sumado a que la reivindicación tiene un papel preponderante y decisivo en la trama.

Historia de una noche cuenta con varios puntos de giro, donde la historia transita un camino, pero luego irá por otro: pone de manifiesto el sufrimiento por amor, aparecen tragedias familiares en el presente y el pasado, y situaciones económicas que tambalean la tranquilidad personal y familiar de algunos de los personajes principales. Así mismo, existe la condensación del tiempo, utilizando el recurso de flashback para narrar viejos sucesos que nos permiten como espectadores descifrar con claridad lo que sucede en esa única noche.

Laura (Laucha), la mujer por la cual Daniel y Hugo disputan el amor, cumple con los mandatos sociales de casarse a cierta edad, no poder tomar decisiones en su casa y solo dedicarse a ciertas actividades artísticas en situaciones de beneficencia y no por simple placer y hobbie; mientras que Hugo está enmarcado en el lugar del novio de la juventud, taciturno, jugador de póker y “chanta”, y Daniel, el marido, habilidoso con la economía, buen padre, serio y responsable. Los tres roles protagónicos indican y subrayan fuertemente los estereotipos de lo que está bien y de lo que no; pero Saslavky se atreve a ir un poco (bastante) más allá e intenta romper esos prejuicios, mostrando otras vetas, poco vistas en el cine de la época como el hombre lábil, sensible que también puede sufrir por amor.


 

“Fuerza de mujer”.
Crítica de “Todo sobre mi madre”, de Pedro Almodóvar.
Por Román Graciano.




Almodóvar nos tiene acostumbrados a historias de mujeres fuertes, luchadoras y sororas. En “Todo sobre mi Madre” una de esas historias es la de Huma Rojo (Marisa Paredes), una actriz reconocida que triunfa en las tablas, pero fracasa en su vida personal. El mejor papel es el que interpreta en su vida cotidiana, donde juega a ser perfecta y feliz, pero sabe que debajo del maquillaje no existe el glamour.

A “Todo sobre mi madre” la atraviesa la historia de Manuela (Cecilia Roth), una madre que frente a una desgracia decide retroceder sobre sus pasos y volver al inicio de la historia de su hijo. Ese regreso vendrá acompañado de un revival de sentimientos intencionalmente adormecidos y se verá frente a frente con ese pasado que durante años trato de olvidar. Manuela es una mujer que parece no temerle a los cambios, decidida y lanzada recorre su camino con una entereza propia del universo almodovariano. A la historia también la integran otros personajes femeninos muy disimiles en la superficie, pero con una fuerte conexión en su lucha por salir adelante, que con sus historias de vida y personalidades irán aportando al argumento los tintes necesarios para completar el rompecabezas narrativo.

El realizador español incluye entre esos personajes pilares de su película al de Huma Rojo (Marisa Paredes), una actriz de larga trayectoria que siente que se encuentra en el tramo final de su carrera artística. A través de ella Almodóvar realiza, una vez más, un tributo a las grandes películas del cine norteamericano con las que fue creciendo. En este caso al film de Joseph L. Mankiewicz “Eva al desnudo”. Por eso no es casualidad que Huma, cuyo nombre es un homenaje a Bette Davis, sea tan similar a Margot. Dos artistas que están de regreso, que mantienen una continua lucha interna para parecer fuertes y seguras a través de un trato frio y distante con el mundo que las rodea. Apoyadas en su status de divas, logran evadir lo conflictos emocionales reprimidos, pero tienen una enorme necesidad de encontrarles un cauce. Los dos personajes se han erigido como un tótem infranqueable y a pesar de ello, encuentran en los individuos más ajenos a ellas la posibilidad de ser sinceras y auténticas.

Huma ha logrado ser lo que quiso ser, la reina de las tablas, pagándolo con el caos que fue su vida personal plagada de infelicidad e inestabilidad emocional. Buscará el consuelo y la protección en seres aparentemente más vulnerables que terminaran siendo el refugio y el consuelo donde recostarse. En ellos podrá sentirse valorada como persona y ser ella misma sin pensar en las luces y flashes que marcan su accionar en su vida profesional. Junto a ese clan de mujeres empoderadas entenderá que aún tiene revancha, que no todo está perdido y que solo depende ella cambiar el destino que sentía ya estaba marcado.


¿Por qué sintonía de amor no es lo mismo que algo para recordar?
Por Florencia Rolón

El amor romántico, la pareja heterosexual y un encuentro en el último piso del edificio Empire State son algunas de las similitudes que hay entre Algo para Recordar (1957),un clásico de Hollywood protagonizado por Cari Grant y Deborah Kerr, y su remake, Sintonía de Amor (1993), con unos contemporáneos Tom Hanks y Meg Ryan a quienes todavía podemos ver en pantalla. Aunque el argumento de ambas historias coincide en puntos importantes de la trama en la primera película que estrenó vemos solo un idilio amoroso mientras que en el segundo film se cuela en la historia la desesperada búsqueda de un niño por conseguir además de una novia para su padre una figura maternal.

‘Sintonía de Amor’ está dirigida por Nora Ephron y es un homenaje a un clásico del cine romántico como lo fue en los años 50 ‘Algo para recordar’. Annie (Meg Ryan) se obsesiona con un hombre (Tom Hanks) que ha perdido a su esposa después de escuchar a su hijo Jonah buscar una madre y compañera para su padre en la radio. Sin imaginar que pronto Annie recreara una de sus películas románticas favoritas en donde dos desconocidos deciden poner a prueba su amor en el edificio Empire State después de enamorarse en un transatlántico.

No alcanza con que Sintonía de Amor haya sido dirigida por una mujer, en este caso Ephron, ya que termina reproduciendo y reforzando un ideal de mujer afectuosa, entregada y maternal representado por el personaje de Ryan que parece ser el único atractivo para un personaje como el de Tom Hanks con un hijo que busca tener una madre. Películas como esta son el reflejo de un sistema patriarcal que pueden conducir a la mujer a identificarse con el necesario rol de madre y ama de casa pasiva, para la conveniencia de los padres.

Así, este tipo de películas dejan muy pocas opciones, tanto a sus protagonistas como a las espectadoras de género femenino, a quienes por lo general está dirigido el melodrama, ya que sólo pueden identificarse con el deseo de la maternidad y ser compañeras de vida de otro hombre, con la actitud pasiva y entregada, generalmente muda o no escuchada, de la mujer, objeto de deseo del varón.


 

“Tiempo de revancha”
Critica de “La Tregua”, de Sergio Renán y “La fuerza del cariño”, de James L. Brooks.
Por Román Graciano.




Estas dos historias comparten algo en común. Son películas de personas que buscan volver a empezar y tener el derecho a ser felices. Sin embargo, su peor obstáculo no es la gente que los rodea, sino ellos mismos con sus miedos e inseguridades.

“La tregua”, basada en el libro homónimo de Mario Benedetti, es una mirada crítica a la vida del típico hombre de mediana edad que frente a una serendipia se plantea romper con todos los esquemas autoimpuestos, vivir por y para él, a pesar de los prejuicios y las estructuras socio familiares que lo llenan de miedos e inseguridades.

Mario Santomé (Héctor Alterio) es un oficinista viudo con tres hijos que mantiene una vida ordenada y rutinaria. Sumergido en la nostalgia de los recuerdos de su gran amor, y madre de sus hijos, transita sin darse cuenta lo que pasa a su alrededor. Con un halo de melancolía a lo largo del film, los personajes que aparentan no tener rumbo, se irán sacando las capas, como una mamushka, y dejaran expuestas realidades que no querían enfrentar.

Sergio Renán utiliza a cada uno de los participantes de esta historia para materializar aspectos de nuestro protagonista y su relación con estos. Cuando Santomé dialoga con estos personajes, en realidad lo hace con el mismo, debatiendo y cuestionando sus propios pensamientos. Como si los dijera en voz alta.

Al igual que el film argentino, “La fuerza del cariño” está basado en una obra literaria. En este caso, en una de Larry McMurtry de igual nombre. Shirley MacLaine interpreta a Aurora, una mujer que enviudo muy joven y una madre sobreprotectora de su hija Emma (Debra Winger). Esta relación simbiótica se ve amenazada cuando la joven decide comenzar una vida independiente de su madre.

La construcción de la relación madre e hija está basada en la necesidad de ambas de tener una dependencia emocional y del poder de manipulación de Aurora sobre su hija, producto del miedo de volver a perder a un ser querido. Con la música, similar a programa familiar de la época, el director se apoya en ella para construir los climas, marcando el dramatismo y profundidad del discurso en cada momento. La historia se desarrolla con situaciones que presagian un final anunciado, con personajes que se niegan a asumir las consecuencias de la realidad antes los hechos evidentes, hace que luchen continuamente con ellos mismos para no romper las corazas que crearon para evitar volver a sufrir.

Algo que emparenta a estas películas es la función que cumplen los hijos, como de voz de la conciencia, de lo que no se dice, de reflejo de su pasado y del bálsamo de realidad que por momentos parecen necesitar nuestros protagonistas para poder ver claramente lo que pasa y no sumergirse en sus pensamientos sesgados. En “La tregua” sus tres hijos al ser mayores de edad y con responsabilidades, expresan una mirada más adulta de los temores del personaje de Héctor Alterio. Con ellos dialoga como un par y bajo las mismas reglas del lenguaje, el cual está cargado de vivencias, duelos y fracasos compartidos. En cambio, en “La fuerza del cariño” los más pequeños son los encargados de volver a colocar sobre la tierra a los personajes de Emma y Aurora, quienes parecieran vivir inmersas en sus conflictos emocionales y existenciales. Los chicos reflejan la inocencia perdida por la adultez y esa despreocupación por lo que vendrá que les hace falta a las dos protagonistas para poder ser felices.

Las dos películas dialogan entre sí a través de tópicos como la pérdida de un amor, las segundas oportunidades, la relación padres e hijos, y el miedo a romper las estructuras mentales que les evitan exponerse y poder estar siempre en una posición de seguridad y calma.



 

LA FUERZA DEL CARIÑO y LA TREGUA
Por Graciela Rodríguez Romano

Con una narración, montaje e iluminación clásica de la mano de James Brooks llega La fuerza del cariño, que reúne un elenco estelar para contarnos historias, fundamentalmente, de mujeres con mandatos impuestos y conflictos generacionales. En La fuerza del cariño, veremos a Aurora, la madre asfixiante, de su única hija: Emma, a lo largo de treinta años de sus vidas. Otras mujeres acompañan en esa transformación: Rosi la ama de llaves de Aurora y Patsy la amiga incondicional de Emma, quienes no son solo relleno sino que cumplen la función de ayudar al crecimiento de los personajes principales. En un vecindario a las afueras de Houston, Texas, de casas bajas, rodeadas de parques prolijamente cuidados con piscinas, y en un clima soleado y brillante transcurre la vida de Aurora. Su vestuario es glamoroso, hecho de telas voluptuosas y preferentemente de colores claros, dándole una apariencia casi etérea. La vida la llevará a Emma a Iowa, a Nebraska y finalmente a Nueva York donde descubrirá que la independencia de las mujeres no es una ilusión. Si bien dan una primera impresión de que cada una responde generacionalmente a los cánones de la época, ello se desvanece cuando nos sorprenden con actitudes más conservadoras de quien no es de esperar. El mundo masculino está representado por hombres inmaduros, ajenos a los quehaceres domésticos e insatisfechos. El hijo mayor, aunque aún pequeño, será el que observa, cuestiona y se enoja por igual con ambos padres. Brooks nos regala escenas absolutamente encantadoras pero a su vez no nos ahorra ni un minuto de tristeza. Como en todo crecimiento personal se necesita tiempo y los personajes lo tienen. En el caso de LA TREGUA, con libro de Mario Benedetti, guión de Aída Bornik y dirección de un joven Sergio Renán, con música orquestal de fondo, la película nos muestra una ciudad de Buenos Aires, en un trayecto en colectivo, desde un barrio hasta el centro porteño, en un día domingo de nuestro personaje Martín Santomé. La cartelera del cine METRO, en la marquesina promociona El Golpe. Martín camina cruza la avenida nueve de julio dobla por Suipacha pasa por la confitería Ideal y termina entrando a ver una película de J.Luc Godard. Si bien corresponde al género del melodrama, introduce temas que salvo en producciones independientes de teatro, no habían sido tratados, tan explícitamente como en este caso: la homosexualidad. Renán nos muestra en profundidad, un universo cotidiano: el del trabajo, específicamente el de la oficina. En un espacio gris, monótono, y en escritorios ubicados como en un aula de colegio primario. Alineados uno tras otro y al frente el escritorio del superior, del jefe pero que no es el dueño. Ése está en otro lado, sin contacto cotidiano, sólo para dar la última palabra, para aplicar la mano dura, ejemplificadora e inapelable como el Despido. El otro es el que controla cotidianamente, el que dice que se acabó el recreo y a veces enseña e impone reglas, el que morigera las desavenencias, con buen tino, pero porque es Santomé. En un plantel exclusivo de hombres, un día llegan a ocupar puestos una mujer: Laura y un hombre, Santini, que desde un principio pide se le asigne un escritorio en determinado lugar, por motivos de salud. Santini, es dife