PRODUCCIONES DEL TALLER DE CRÍTICA DE CINE

Compartimos las producciones del módulo: Surrealismo + Cine de lo real del taller de análisis y crítica a cargo del periodista Rolando Gallego. ¡Felicitaciones a todxs los alumnxs!
No olviden que este lunes comienza el módulo Directores a la vanguardia, aún están a tiempo de inscribirse.


“Tan lejos y tan cerca”
Crítica de “La sangre de un poeta”, Jean Cocteau y “Nanuk el esquimal”, de Robert Flaherty.
Por Román Graciano.

A estas dos películas, que fueron filmadas con una década de diferencia y en dos lugares muy alejados entre sí, las acerca la poética que contienen y la profunda mirada sobre la belleza de lo extremo. Cocteau y Flaherty realizan una personal representación audiovisual del ser humano y a través de lo no dicho construyen una narrativa llena de significados que van más allá de lo literal de las imágenes.

Con un hilo conector casi inexistente o imperceptible, que sería imposible explicar en pocas palabras, en “La sangre de un poeta” Cocteau a través del poco uso de la palabra oral nos introduce en cómo la obra cuestiona a su creador, obligándolo a sumergirse en su interior, en el sentido de su creación y del mensaje que intenta reflejar. También nos presenta de una forma subjetiva y las diferentes partes de su proceso creativo y de la personalidad del artista. El film exige al espectador recurrir a su pensamiento mágico y dejar de lado el raciocinio natural para buscarle un sentido lógico a la relación entre las imágenes.

“Nanuk el esquimal”, por su parte, muestra la historia de una familia de esquimales en la que Nanuk es el guía y proveedor. Flaherty invita al espectador a ser testigo de la travesía diaria de esta familia en su lucha por la supervivencia en un medio adverso y hostil. Para ello se vale de su vocación narrativa y utilizar la acción dramática para impregnarle ritmo e intensidad a las imágenes y así conseguir la atención del espectador. Con paneos de cámara siguiendo a nuestros protagonistas y la combinación de distintos tamaños de planos: como el primer plano, el plano americano o el plano conjunto, que eran recursos relacionados con los argumentos de ficción, interviene en los hechos creando un relato en donde el realizador se involucra con lo que narra al decidir que mostrar y de qué manera hacerlo ya no de una manera pasiva y distante como lo era hasta ese momento . No solo es un mero testigo que capta los hechos con una cámara, sino que es participe activo de ésta modificándola de forma casi perceptible para reflejar la realidad de una manera más efectiva. ¿Deja de ser documental por ficcionar o maquillar las acciones? No, porque la realidad no siempre es tal cual la percibimos y más aún cuando la vemos a través de la mirada de otros. Como dijo Dziga Vertov: “Soy un ojo. Yo, la máquina, muestro un mundo de la manera que sólo yo puedo verlo”. Flaherty utiliza recursos propios de la ficción para retratar la belleza de lo inhóspito, de la adversidad en la supervivencia y vuelve poético la soledad del hombre en medio de una blanca inmensidad.

Ambos films son dispares a simple vista, pero se podría decir que son casi iguales en su esencia. A pesar de pertenecer a distintas corrientes y géneros, ambos buscan involucrar al espectador en la obra, que lo interpele y logre ver más allá de las imágenes. Intentando trasmitir la poética de lo irracional y de lo extremo. Priorizando lo estético del relato más que un orden coherente, lo bello de la situación por sobre lo real.




“Ensayo de una mujer deseante”
Crítica de “Mujer nómade”, de Martín Farina
Por Román Graciano.

El realizador Martín Farina lleva las riendas de este documental, con tono de ensayo, que realiza un retrato intimista y respetuoso de Ester Díaz, reconocida filósofa y escritora argentina, que relata en primera persona sus experiencias y pensamientos sobre la vida, la sexualidad, el deseo y los mandatos patriarcales.

Díaz, por su personalidad y su histrionismo es un personaje que pareciera salido de una película de Almodóvar, sin embargo, todo lo que representa delante de cámara es auténtico, o parece serlo. La construcción del discurso va jugando todo el tiempo con esta dualidad de verdadero- falso, de que es real y que ficcionado en los hechos que se nos presentan, generando un ejercicio mental de deducción del espectador. Este propuesta lúdica sobre la verosimilitud que propone el realizador queda claro en la frase que Díaz enuncia en un pasaje que habla del concepto de imagen-percepción deleuziano que distingue la percepción habitual de las cosas de la que tiene el cine de las mismas. Es decir, el tecnicismo entre lo que percibimos en la vida cotidiana y lo que percibe el arte. Esto permite que el espectador deje de cuestionar la veracidad de los hechos para pasar al afán de querer saber con qué nuevo pensamiento o acción lo sorprenderá nuestra protagonista, y a replantearse la posturas o preconceptos propios frente a los temas o experiencias narradas. La protagonista es tan fascinante e interesante, que a cada paso del documental pareciera abrir nuevas puertas a distintos temas y ahí radica la habilidad de Farina para evitar que se desborde y quede todo en un popurrí de ideas sueltas sin conexión ni sentido que las nuclee.


Con una voz en off y un montaje paralelo Díaz relata, como si estuviera leyendo su diario íntimo en voz alta, apoyada en su gran conocimiento de las palabras de reconocidos filósofos como Michel Foucault, pasajes de su vida que van desde la pérdida de un hijo, el machismo que tuvo que soportar, su relación con las drogas y el vínculo con el sexo opuesto y la sexualidad. Esta manera de contar por momentos le quita naturalidad a las palabras y a la forma, quedando en evidencia las pautas que el director le dio, los monólogos suenan demasiados literales y esto se puede llegar a interpretar como una subestimación del espectador por miedo a que alguna idea importante para la construcción del discurso no quede plasmada claramente.

Las contradicciones de la protagonista también son parte de este film. Al estar presente frente a una mujer con un vasto expertise del pensamiento y la condición humana, hace ruido su debilidad por los cuerpos jóvenes, el cuidado estético y su disímil comportamiento cuando esta frente a desconocidos y en la intimidad con una cámara. Pero ¿la contradicción no es inherente al ser humano?, Para entender porque se pueden percibir estas incongruencias en el discurso de Díaz se puede recurrir nuevamente a la frase de Deleuze antes mencionada.

Martin Farina nos entrega un retrato cuasi poético de una mujer que ha vivido a partir de los 50 años, que pudo superar y aprender de todo obstáculo que se le presentó, reflejando su interés por la filosofía con un personaje que esta hecho de la misma y que explica su vida a través de ella. Borra por momento los límites de ficción/realidad en pos del relato, invitando a replantearse tabúes y preconceptos culturales heredados sobre la vida y el sexo.



“Provócame”
Análisis de “La montaña Sagrada”, de Alejandro Jodorowsky.
Por Román Graciano.

Jodorowsky juega a correr los límites de tolerancia del espectador y le genera un conjunto de sentimientos que van desde la confusión y el estupor, el morbo y la indignación, para finalmente caer en la fascinación al desafiarlo desde los temas abordados, lo visual, lo sonoro y hasta lo perceptivo. Presenta un cumulo de imágenes, en apariencia inconexas, pero que se van asociando de forma indescriptible en la cabeza del quien las mira, logrando la sensación de unión y coherencia narrativa.

“La montaña sagrada” comienza con un homenaje a los padres del surrealismo, Buñuel y Dalí, con una escena donde un guía espiritual rapa la cabeza de dos gemelas desnudas. Esto es una clara referencia al corte del ojo en “Un perro andaluz” y con el que el director pretende decirle al espectador que debe limpiar su cabeza de preconceptos y de todo lo conocido para adentrarse en el mensaje que pretende trasmitir. A través de escenas con alto sentido simbólico, metafísico y espiritual realiza una crítica mordaz y feroz al ser humano en su universo terrenal, a su condición de esclavo de los sistemas de creencias y costumbres que el mismo a lo largo de la historia de la humanidad ha creado, de las figuras sagradas y la socialización del pensamiento como método de adoctrinamiento y organización sociocultural. Pone en tela de juicio los mecanismos del hombre en su búsqueda por perpetuarse en el tiempo y plantea que la única búsqueda valida es la del autodescubrimiento interior.

La musicalización ayuda a las imágenes, por momentos fellinescas, en su intento por alterar la pasividad del observador, con melodías tribales, folclóricas y clásicas, que resignificas las situaciones que atraviesan los personajes, generándole una nueva intencionalidad. Le impregnan un sentido esotérico, espiritual, político o sexual de acuerdo al contexto de la secuencia a la película. En cuanto a los recursos visuales, el uso del tarot y ritos como representación para explicar el presente y no el futuro, expone la postura del director en cuanto a su idea de que el hombre debe ser un ser astrológico y solo de esa manera podrá alcanzar la iluminación y el autoconocimiento.

A lo largo del film observamos que Jodorowsky utiliza la provocación como medio y no como fin, su objetivo no es solo desafiar e incomodar, sino generar una duda, despertar los cuestionamientos del ser humano sobre sí mismo y sobre el mundo en que vive. “La montaña sagrada” no intenta ser un historia lineal y armónica, sino que a través de su supuesta incongruencia narrativa encontremos la forma de unir los fragmentos del mensaje que al final nos revela. Es una película en el que cada estadio por el que pasa el espectador está calculado y pensado, nada de lo representado esta librado al azar. La composición de la imagen, lo narrado, los personajes y elementos que en ella intervienen, el sonido y música de cada escena tiene una clara intención del director por direccionar la interpretación, por conducir la mirada del espectador. Es decir, todo lo que se ve y escucha tiene una clara intencionalidad de provocar una reacción predeterminada.




“La culpa del deseo”
Análisis de un fragmento de “Un perro Andaluz”, de Luis Buñuel.
Por Román Graciano.

La secuencia inicia con una actitud libidinosa del protagonista hacia la figura femenina en la que comienza a perseguirla acosándola y manoseándola como si no pudiera reprimir sus impulsos sexuales más primitivos. Ella esquiva y asustada, intenta escaparse por toda la habitación, pero esta acorralada por las paredes y los objetos de la misma. Finalmente ella logra refugiarse en otra habitación.

El deseo sexual y la posesión se fusionan en este segmento bajo una coreografía de sus protagonistas. Un juego continúo del gato tratando de atrapar al ratón. Su protagonista masculino parece entrar en un trance histérico que lo posesiona y no le permite discernir entre el bien y el mal de sus acciones. Ella siente deseos sexuales, pero parecería que no le corresponde como mujer permitirse esos placeres. Entra en una dualidad entre el querer y el deber, cediendo por momentos a pequeños impulsos físicos. Lo sexualmente explicito se hace presente a través de las fantasías que invaden al personaje masculino cuándo entra en contacto con el objeto de deseo. Buñuel recurre a simbolismos que se pueden asociar a una representación cinematográfica del éxtasis sexual como la mirada perdida, la baba cayendo de la comisura del labio y al orgasmo masculino utilizando las hormigas saliendo de la mano como si fueran el clímax de una relación sexual.

El cineasta español deja lugar para plasmar una idea sobre la culpa y la relación de la religión con ella. De cómo la iglesia influye en el pensar y proceder de las personas generado remordimiento por sucumbir al placer físico. El hombre de “bien” arrastra todo el peso de los mandamientos eclesiásticos y debe luchar con ellos para poder alcanzar sus deseos eróticos y no seguir cargando con la culpa autoinflingida debido a supuestos enunciados del ser supremo. Su doble moral le permitirá lidiar con esto, pudiendo conciliar su apetito sexual con el desasosiego que este le genera. Cuando la mujer, símbolo de la pureza según las religiones, se escuda detrás de una silla con una raqueta en una mano que tiene en su extremo un gorro blanco podríamos decir que, desde un pulpito (la silla) intenta alejar al pecado con la fuerza y la embestidura de un obispo (el gorro blanco).

Toda la secuencia está acompañada con música instrumental de tango. No es casual la elección de este género dado que está asociado a la seducción, lo sensual y a la proximidad de los cuerpos. Los personajes parecieran bailar un tango con sus movimientos alternados entre repentinos y suaves. La canción tiene dos pasadas completas durante el fragmento marcando, con cada una de ellas, el inicio y el final de los intentos fallidos del hombre por lograr su objetivo de conquista.




LA HORA DE LOS HORNOS
Por Graciela Rodríguez Romano

A 53 años de la realización del documental con visos de ensayo “LA HORA DE LOS HORNOS”, (1968) se podría afirmar que si dos jóvenes como lo fueran entonces Fernando Solanas y el español Octavio Getino, salieran con cámara en mano, mucho entusiasmo y esta vez, a cara descubierta, ya que al menos hemos superado los años de clandestinidad en que se filmó durante dos años esta obra de más de cuatro horas de duración, los documentalistas se encontrarían con un país con más desnutrición infantil, más hambre, más pobreza, más desigualdad, más trabajo precario, en condiciones miserables, más desocupación. Con la paradoja que es el mismo territorio físico y con las mismas riquezas, al menos las renovables, no así las que defendiera durante su larga vida política el director Pino Solanas, los recursos mineros y energéticos, que a lo largo de medio siglo han sido explotados por empresas extranjeras, que han dejado muy pocas regalías, al costo del daño ambiental provocado. Con recursos tan contundentes como el sonido extradiegético de percusión en crecimiento en la medida que las imágenes de archivo se hacen cada vez más violentas y opresivas, Se vale también de la voz en off. Por su parte imágenes de fotografía, y filmaciones cámara en mano y en planos muy cortos de miles de rostros de hombres mujeres y niños marcados por el sufrimiento, de diversos lugares de Argentina. Carteles que anuncian el inicio de cada capítulo, y enuncian preceptos, que son citas de personajes históricos por todos conocidos y reconocidos. El fundido a negro al cierre de cada pasaje, las imágenes desgarradoras, la violencia, los allanamientos ilegales, los controles policiales y militares, en los que se ve claramente un marcado abuso del uso de la fuerza hacia un pueblo trabajador –el proletariado- oprimido. Sin embargo slogans tales como “Un pueblo sin odio no puede triunfar” o “El hombre colonizado se libera en y por la violencia”, no resuelven las injusticias. Conforman la forma de enviar el mensaje. Un capítulo aparte es Cuba, último país en liberase de España en 1904. Y más tarde en 1959, un pueblo que se ilusionó con la liberación del monstruo del Norte, pero más de medio siglo después tampoco ha tenido la suerte que merecía, un pueblo sufrido. ¿Podrá de una vez por todas el hombre encontrar otra forma de llevar a cabo una profunda revolución socio cultural, donde todos tengan acceso a buena alimentación, vivienda digna, acceso a la educación, y al trabajo, sin el recurso de las armas? ¿Será posible que alguna vez nos demos cuenta que la mayoría de los países del mundo contribuyen con su violencia a que la industria armamentista sea la más redituable en el planeta? Si se da por sentado que hay gente que nace rica y otra que inevitablemente tenga que nacer pobre y así permanecer porque así funciona el mundo, es que la humanidad no ha avanzado nada. ¿Hemos avanzado porque hay más conectividad? Sí, para enterarnos más rápido de los desastres, las injusticias, los atentados, las muertes, la desigualdad, el aniquilamiento de las tierras y de las aguas. Brego por un mundo cuyos líderes no siembren el odio sino que exhiban las herramientas poderosas- educación, conocimiento, posibilidad para pensar libremente- que tienen para hacer valer sus derechos. Sin subestimaciones de parte de los que acceden al poder. Pienso que un documental, con marcada orientación política no alcanza. No contribuye al fin deseado por Pino y Octavio, este último venido de León, tierra de mis ancestros paternos. Ambos ya han muerto, no hace mucho, uno en Argentina, otro en Paris, víctima del COVID, ocupando un cargo político representando a un Gobierno que tantas veces criticó. Representante de UNICEF. A mí me hubiera gustado preguntarles si hubieran hecho ese documental de la misma manera, tantos años después. Claro, con el diario del lunes.