Producciones del taller de crítica de cine

Compartimos las primeras producciones del taller de análisis y crítica a cargo del periodista Rolando Gallego. ¡Felicitaciones a todxs los alumnxs!


Más que un videoclip

Crítica Flashdance, por Graciela Rodríguez Romano


Crítica Flashdance, por Graciela Rodríguez Romano

Se estrena en la cartelera local Flashdance, un filme originado en el éxito mundial del video clip, en una época donde estamos muy sensibles e ilusionados con el retorno de la democracia. Su excelente música, atrevida sensualidad y romanticismo resultan pertinentes. Y mientras en el resto del mundo las cosas no están tan bien, sigue al frente del gobierno inglés la Dama de Hierro; Reagan acaba de dar un discurso calificando a la URSS como “el imperio del mal”, y algunos suponen que puede desatarse una guerra atómica.

La película se destaca por su combinación heterogénea de nacionalidades: un director británico como Adrien Lyne, que desembarca en Estados Unidos luego de adquirir un gran manejo de cámaras dirigiendo comerciales para TV, impone calidad visual al proyecto.

El relato elige a la ciudad industrial de Pittsburg como escenario para desarrollar la historia. Conforma equipo con un guionista coterráneo y selecciona como protagonista a Jennifer Beals, hija de madre irlandesa y padre africano, para protagonizar la película, quien fresca y desafiante se impone en la pantalla a pesar de sus de sus apenas veinte años.

También está Lilia Skala, de origen austríaco, la experimentada impulsora de sueños, a quien la protagonista intenta emular. Y a una intérprete del tema musical principal de la banda sonora, Irene Cara, nacida en el Bronx, pero de origen puertorriqueño, que canta como los dioses “What a felling”, generando todo esto la expectativa de que vamos a ver una película distinta.

Sin embargo nos encontramos otra vez con un film donde se intenta con esfuerzo cumplir el sueño americano, enmarcado en la doble moral católica y con casi todas las escenas desarrolladas en interiores: lugares de trabajo de la protagonista: una fábrica durante el día y en un night club -el Mawby´s Bar- como bailarina, obviamente en horario nocturno, a la que aún le queda tiempo para llevar la ropa al lavadero y esperar mientras hablan de la vida con su amiga patinadora-camarera. ¿Cuándo duerme?

El Mawby ´s Bar, goza de mejor reputación que el Zanzibar Club, tan sólo a pocos pasos uno del otro. ¿Será porque todos los que trabajan en el primero- bailarinas camareras cocinero- albergan sueños artísticos?

Lyne elige colores simbólicos como el rojo y el negro tanto en la iluminación como en el vestuario que luce Alex Owen. Seguramente sus diseños marcarán tendencia en la moda, como lo será el bohemio lugar donde vive. No falta la mascota. La película, que se desarrolla en 95 minutos, tiene todos los ingredientes para ser taquillera aunque es más de lo mismo.


Los medios justifican el fin

Crítica ROCKY, por Gloria Kreiman


Rocky, dirigida por John Avildsen y escrita y protagonizada por Sylvester Stallone, es una toma de posición política y moral sobre el heroísmo inesperado y el valor del esfuerzo -el american dream, en definitiva-, a partir del camino personal de un boxeador casi amateur que tiene sorpresivamente la oportunidad de pelear con el campeón mundial de los pesos pesados.

Con una estructura lineal y foco en la épica del entrenamiento y el boxeo, el film toma su tiempo para construir minuciosamente al protagonista, sus parámetros éticos y valores, su vínculo con las mujeres, su situación socioeconómica, etc.; subrayando el lado sensible y vulnerable de este boxeador y el correlato de recompensa que esto tiene para él.

No es casualidad, en este sentido, que la película comience con una imagen vinculada al catolicismo, que tiene al sacrificio y su retribución como uno de sus pilares, ni los cambios cromáticos a lo largo de este recorrido: la vida de Rocky antes de la pelea es plasmada desde lo gris, lo marrón, lo oscuro; mientras que en el ring y alrededores todo se vuelve más luminoso, rojo y estridente.

El contexto histórico podría indicar un paralelismo con el sentimiento de impotencia y derrota de la sociedad estadounidense tras la guerra de Vietnam, siendo Rocky, de algún modo, una legitimación de los “perdedores” a partir de su valentía y entereza, más allá del desenlace.

Rocky se configura, entonces, como una especie de fábula con la moraleja que, más que el resultado, lo valioso es cómo nos acercamos a él.



Loza en masculino

Crítica Malambo del hombre bueno, por Marcelo Cafferata


Santiago Loza, en su nueva película, toma riesgos y nos presenta un personaje masculino como protagonista excluyente, alejándose del eje central de su obra, poblado de universos femeninos que habitan tanto sus textos teatrales como sus incursiones cinematográficas (“Almas ardientes” en teatro, “Cuatro mujeres descalzas” o “Breve historia del planeta verde” en cine, son algunos de los ejemplos). En “MALAMBO DEL HOMBRE BUENO” sólo deja algunas pequeñas marcas de su dramaturgia teatral presentando un juego literario mediante la división en capítulos y con el recurso del relato en off utilizado en algunos fragmentos.


De esta forma, se lanza a contar la historia de Gaspar –un malambista que quiere pelear por un campeonato, aún con todo lo que ese clímax signifique posteriormente en su carrera- en ese tono intermedio en donde se vuelve difusa la línea de documental y ficción, eligiendo una fotografía en blanco y negro donde sólo un par de elementos muy simbólicos aparecen en color y juega con el fuera de campo tanto para imágenes como con ciertos sonidos, como el del bombo que no lo muestra casi en toda la película hasta la escena final.


Otra de sus innovaciones es la forma en que presenta los cuerpos: en las escenas de baile, apuesta a los planos cortos y primeros planos, alejándose del punto de vista tradicional de mostrar los pies. Focaliza en otras partes del cuerpo, casi fragmentándolo, fijando su mirada en las caras y en las manos de los bailarines.


Como en tantos otros retratos de superación personal y de concreción de los deseos, también en Gaspar hay superación del dolor, emociones encontradas, frustraciones, sueños incumplidos, y precisamente Loza se detiene en cada una de esas sensaciones para narrar su historia, apoyándose en un llamativo lenguaje visual, más que en los textos o las palabras.




Golpe a golpe, plano a plano

Crítica de ROCKY, por Román Graciano.


En Rocky seguiremos la historia de un modesto boxeador de los barrios bajos de Filadelfia que no busca la gloria sino la revancha debajo del ring cuando finalmente le llega el ticket dorado para el camino a la redención y a una segunda oportunidad para demostrar quién es realmente. Con una escueta cantidad de recursos narrativos, técnicos y estéticos, la propuesta logra retratar fielmente una realidad cotidiana de quienes buscan resurgir desde las profundidades sociales.

Rocky es el reflejo de lo que es o debe ser, o al menos así es el slogan con el que promociona la cinematografía la bonanza del gran país del norte, el sueño americano en la tierra de las oportunidades. Pero finalmente nos muestra que, como diría Berugo Carambula, “…los sueños… sueños son…” a diferencia del final de la frase de aquel recordado programa de finales de los 80’ aquí no se hacen realidad, o no del todo. En Rocky encontramos a un hombre que todo le hace pensar que ya paso su cuarto de hora, que su vida arrutinada y sobreviviendo como matón de un gánster de poca monta es todo lo que puede aspirar en la vida.

A diferencia de otras películas pugilísticas en donde se busca generar adrenalina, resaltar la epopeya del protagonista o impactar con la espectacularidad de las imágenes, en Rocky se opta por la utilización de cuatro o cinco tipos de plano para componer el desarrollo de la historia, con encuadres simples como los que estamos acostumbrados a ver en la televisión (empatizando rápidamente con las imágenes). A lo largo del film predominan los planos más clásicos: como el plano medio y el plano americano, el plano abierto y general cuando quiere introducirnos en una nueva ubicación de la ciudad o cuando nos muestra la soledad de Rocky, el primer plano o plano medio corto para los momentos claves, como su primer beso con Adrián, cuando Rocky expresa sus sentimientos o la preparación previa al combate. De esta manera nos mantiene a cierta distancia de lo que les ocurre a los personajes, haciéndonos meros espectadores. A través de esta simpleza logra trasmitir los hechos de manera natural, no queriéndole impregnar un sentimiento mayor al que ya trae implícito cada escena.

Con personajes, que parecerían haber salido del club de las almas perdidas, que respiran sueños y exhalan derrotas, y que solo pasan las horas en una total monotonía, esperando que termine el día, sobrellevando el peso de sus fracasos con pequeños, y casi insignificantes, triunfos cotidianos. Seres que viven sumergidos en la atmosfera de una ciudad signada por las pocas chances de progresar y que en cada intento torcer su destino los devuelve a su realidad.

Rocky es la metáfora visual de que vivimos en un mundo que intentara mantenerte de rodillas en la eterna pelea por sobrevivir, aguantando los golpes y sabiendo que siempre tendremos las de perder. Es una historia de superación, de lucha, de valores inquebrantables a pesar de la adversidad y el contexto socioeconómico desfavorable.


 


El sueño americano en el ring de los marginales

Crítica ROCKY, por Daniel Gaguine


El boxeo suele estar en la mira de la industria cinematográfica en tanto la concepción de producciones que den cuenta tanto del deporte en sí como de las historias de vida y marginalidad de quienes las protagonizan.

En “Rocky”, Sylvester Stallone concibió el texto y se reservó para sí el protagónico en un film que se iba a convertir en un ícono que trascendió el celuloide. Llevó adelante el relato de la vida de Rocky Balboa, un boxeador del montón que se ganaba la vida en peleas de baja monta y como “cobrador de deudas” de un prestamista de la ciudad hasta que el campeón del mundo de peso completo, Apollo Creed decide pelear con él.

El camino del héroe que refleja la película es rico en sus diversas luchas. Hombre de pocas luces y buen corazón, sabe que está frente a la última posibilidad de ser “alguien” en el marco de la sociedad en la que vive, acorde a los parámetros que imperaban en 1976, año en que se desarrolla la acción.

Ambientada en una desangelada Filadelfia (cuna de grandes pugilistas como Joe Frazier –que hace una breve aparición-), el sueño americano no llegaba a todos lados en tanto y en cuanto la prosperidad tan mentada no era tal. El trabajo no sobraba en los barrios bajos de ciudades industriales y la mayoría de sus habitantes debía rebuscárselas como podía. La crisis del modelo político y económico del Estado de Bienestar era visible y algo había que hacer. El “Semental italiano” –tal era el apodo de Rocky- no escapaba de esta coyuntura hasta que el Tio Sam (o Apollo) lo toca con la “varita mágica” que siempre hay en la “tierra de las oportunidades”, tal como se autodefine Estados Unidos.

Pero Rocky iba más allá del carácter reivindicativo del hombre cenicienta. Era aquél que enfrentaba su destino a partir de su dignidad y su esfuerzo. La figura inspiradora de quien se sobrepone a sus propias limitaciones en pos de un logro único y personal. Los valores enarbolados por el personaje de Stallone lo ponen a medio paso de la meritocracia, uno de los puntales de la sociedad enarbolada por el conservador y neoliberal gobierno de Ronald Reagan. No es casual que los héroes solitarios de acción hayan logrado su mayor visibilidad y reconocimiento en los tiempos del ex actor devenido presidente. La necesidad de reverdecer los laureles marchitos tras fuertes tropezones en su política externa (Vietnam es el más notorio), potenció la creatividad de fuertes justicieros que enarbolan la bandera de la libertad y democracia. Esto, siempre de acuerdo a la “particularísima” visión estadounidense de dichos términos. Todo en pos de revitalizar la alicaída egolatría norteamericana en los años 80 de guerra fría con la entonces vigente Unión Soviética.

Será la forma en que sortea Rocky esa travesía llena de escollos y obstáculos llamada vida lo que más importa. Inclusive, el resultado del combate queda en un segundo plano porque la moraleja de la fábula se ubica en otro lado. Al respecto, la utilización en el montaje de planos medios permite la fácil comprensión, ubicando al espectador como partícipe o testigo según lo requiera el film.

La correcta actuación de Stallone brinda credibilidad a un personaje querible, apto para un público necesitado de historias inspiradoras. Talia Shire es una Adrian que también lleva a cabo un camino personal de descubrimiento. Las contrafiguras de Apollo Creed (Carl Weathers) y Paulie (Burt Young) son bien definidas en sus respectivos roles. Mención especial para Burgess Meredith, conocido por haber interpretado a “El pingüino” en la serie “Batman” en los años 60.

Con un guiño al combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner en la concepción de la película, “Rocky” capta la atención a través de una ficción bien desarrollada y reconocible para el gran público. No obstante, poniendo la lupa en momentos determinados, se podrá apreciar una riqueza que va más allá del deporte de las narices chatas: la fábula sobre un titan moderno apto para todo público, con mensaje de superación incluido.



 

Zurdazo y esfuerzo

Crítica ROCKY, por Alejandro Realte


Es imposible pasar por alto la forma memorable que mantiene Rocky para expresar el decadente clima de la década de los años 70, es casi tallada la contracultura plástica que mantiene la película, desde las calles húmedas de sus barrios, algunos negocios, los hogares de los personajes y sus relaciones sociales con ellos, logrando esa textura realista. Justamente, hay escenas que son grabadas en escenarios verdaderos, como barrios, clubes de box y callejones de mercados.

Rocky Balboa, el semental italiano, es único, duro, terco y zurdo, y día a día trata de mejorar un poco aunque su trabajo sean “changas” para un mafioso italiano y algunas cuantas peleas en clubes. Balboa sabe que su tiempo como boxeador puede estar en declive, pero un día, no solo encuentra el amor junto a Adrian, sino también que aparece una oportunidad en su vocación casi perdida. Si bien hay un contexto americano de ”la tierra de los sueños” con un boxeador rival más mediático y empresario que deportista (Apollo Creed) y la intención final de vestir al adversario no popular con un “rojo comunista”, Balboa es el esfuerzo y es lo que lo hace disfrutar todo como un espectador más, sin saber cómo puede terminar esta pelea, pero con ganas de cambiar.

Algo que fundamenta el cuerpo del guion de la propuesta, son los personajes que rodean a Rocky, que cumplen un papel fundamental del esfuerzo, y si bien cada uno tiene sus conflictos, logran ser un motor de gran apoyo en la oportunidad sabiendo que todos pertenecen a una américa profunda de un ambiente olvidado por la gran pantalla. Un ambiente que recuerda a otros films de la misma época, como Taxi Driver, Midnight Cowboy y The French Connection, personajes mínimos en grandes y frías ciudades, casi postapocalípticas en donde pareciera que el dinero está a punto de dejar de existir.

Un dato de color y casi perdido, es que el primer rival de Balboa, Spider Rico, es interpretado por el argentino Pedro Lovell quien tuvo una carrera como boxeador en los estados unidos de los años setenta.